El déficit de vivienda formal en el Perú tiene un correlato menos visible, pero igual de crítico: la seguridad de lo que ya está construido. De acuerdo con el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), el 69% de las viviendas de Lima y más del 70% a nivel nacional son producto de la autoconstrucción. De ese universo, cuatro de cada cinco no cumplen con buenas prácticas de construcción, una cifra que adquiere mayor relevancia ante la amenaza sísmica de la capital y la intensificación del fenómeno El Niño Costero.
El problema no es marginal ni exclusivo de los sectores de menores ingresos. El centro de investigación advierte que la autoconstrucción predomina en los estratos C, D y E, pero también alcanza a cuatro de cada diez viviendas del sector B. En promedio, una familia limeña tarda 16 años en terminar su hogar e invierte alrededor de S/ 190.000, un 33% más de lo que costaría edificar de manera formal, según datos recogidos por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
La raíz técnica del problema es conocida. La Dra. Sandra Santa Cruz, especialista de la PUCP, identifica tres factores que elevan el riesgo de colapso ante un terremoto: cimientos construidos sin estudios de suelo, el uso de ladrillo pandereta —diseñado para tabiques y no para muros portantes— en elementos estructurales, y la ausencia de confinamiento mediante columnas y vigas de concreto armado.
Instalaciones eléctricas: un riesgo adicional
A la vulnerabilidad estructural se suma un componente que rara vez se incluye en el análisis: las instalaciones eléctricas. En viviendas edificadas por etapas y sin supervisión profesional, el cableado improvisado, los empalmes informales y los conductores sin certificación se convierten en un riesgo latente, especialmente cuando la humedad, las filtraciones y las sobrecargas por altas temperaturas someten al sistema a exigencias para las que no fue diseñado.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en mayo de 2026 la generación hidroeléctrica cayó un 6,21%, lo que obligó a incrementar la generación termoeléctrica en un 27,61% para sostener la demanda. Dado que el 58% de la electricidad del país proviene de centrales hidroeléctricas, según el Ministerio de Energía y Minas (Minem), las alteraciones climáticas y el mayor uso de sistemas de refrigeración generan presión tanto sobre la red nacional como sobre las instalaciones internas de cada hogar.
Asimismo, la Comisión Multisectorial ENFEN mantiene la alerta por un posible Niño Costero que se extendería hasta el verano de 2026-2027, con una intensidad entre fuerte y extraordinaria.
“La discusión sobre autoconstrucción suele concentrarse en la estructura, pero la instalación eléctrica es parte de la misma ecuación de seguridad. Contar con un conductor certificado y bien dimensionado permite que la red eléctrica del hogar cuente con un sello de seguridad ante riesgos externos, sobre todo en un escenario de lluvias intensas y mayor demanda energética”, señala Mirko Males, Marketing Manager de INDECO by Nexans.
Cuatro medidas para reducir los riesgos eléctricos
Frente a este escenario, INDECO by Nexans identifica cuatro medidas que pueden contribuir a reducir los riesgos eléctricos en las viviendas autoconstruidas:
- Priorizar conductores certificados. Los cables que no cumplen con las normas técnicas o están subdimensionados son una causa frecuente de sobrecalentamiento y cortocircuitos.
- Dimensionar la instalación según la demanda futura. Es importante proyectar el crecimiento de la vivienda por etapas y considerar los requerimientos energéticos que supondrá cada ampliación.
- Proteger la instalación frente a la humedad y las filtraciones. La canalización, el aislamiento y la protección de los puntos críticos son fundamentales, especialmente ante un escenario de lluvias intensas.
- Contar con asistencia técnica profesional. La instalación eléctrica debe ser evaluada y ejecutada por personal calificado, debido a los riesgos que puede representar para la seguridad del hogar.
“Cerrar la brecha de viviendas seguras exige una mirada integral de estructura y electrificación. La misma resiliencia que hoy se exige a la red eléctrica nacional frente a El Niño debe llevarse al hogar, donde millones de familias peruanas conviven a diario con un riesgo que puede mitigarse con decisiones informadas y materiales adecuados”, concluye Mirko Males.





