Una ingeniera ventanillense se convirtió en protagonista de una nueva e inspiradora historia de éxito tras fundar su propia planta de reciclaje en nuestro distrito. Con este proyecto, la empresaria logró cumplir el sueño de su difunto padre, quien trabajó durante años como reciclador para sacar adelante a su familia.

La empresa, ubicada en Pachacútec, es fuente de trabajo para más de 15 personas y brinda apoyo a la comunidad, especialmente a aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad. ¿Cómo lo hizo? En la siguiente nota, te contamos todos los detalles.

Desde muy pequeña, Carmen Mateo se vio influenciada por el trabajo de sus padres, quienes dedicaron su vida al reciclaje. De ellos aprendió el valor que tienen los objetos que a menudo suelen desecharse.

«Esta botella para mí es mi felicidad. Estoy enamorada de esta botella porque para mí es vida, es fuente de trabajo y la oportunidad de poder desarrollar la labor social que tanto me gusta», afirmó en entrevista con TV Perú.

Según dijo, ahora que fundó su empresa, su principal motivación no es solo darle una segunda oportunidad a materiales considerados inservibles, sino también apoyar a otras personas. «Soy hija de recicladores y, como tal, estoy aquí, no solamente creciendo yo, también ayudando a mi comunidad», agregó.

Carmen recibe a diario numerosas cargas procedentes de distintos sectores de Pachacútec y zonas aledañas. A cambio, se le entrega a los ciudadanos una pequeña contribución económica por promover el reciclaje.

«Este camión viene de un condominio en Ventanilla que se llama Las Casuarinas. Antes, ellos no reciclaban, todo lo mandaban al relleno. Ahora lo hacen y por ello tienen un bono, algún dinerito que les ayuda para las áreas comunes», comentó.

Desde que empezó su empresa, Carmen trabaja arduamente en compañía de su esposo, quien asegura es su principal soporte para sacar adelante este proyecto que hoy es un éxito en su rubro.

«Carlos es el que me ayudó en esta aventura para formar Thicca. Es mi brazo derecho. Él crea acá las cosas y maneja las máquinas, tiene una creatividad muy grande», afirmó.

Junto a ellos, trabaja un equipo de al menos 15 personas, al que también se ha sumado su madre. «Ella sufre de depresión y aquí se siente útil, es feliz. A las 5:00 a.m. se levanta para venir acá temprano», señaló.

En el equipo que forma parte de su empresa, hay un total de 7 adultos mayores, quienes cuentan con el beneficio de trabajar en horarios flexibles. Uno de ellos es el señor Claudio, un hombre de 60 años que es el principal sustento de su familia.

«El reciclaje le dio la oportunidad de que construya su casa, le de estudios a su último hijo y le ponga una tienda a su esposa para que ya no trabaje en casa cama adentro», apuntó.

Gracias al trabajo de los operarios y el de su familia, la empresa de Carmen Mateo produce 150 toneladas de plástico prensado al mes, con el fin de que este material pueda ser reutilizado.

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